Grinberg, Lev Luis (2011). Política y violencia en Israel/Palestina.
Democracia versus régimen militar. Buenos Aires: Prometeo.
Lev Luis Grinberg, judío nacido en Argentina y emigrado a Israel en 1971, cursó estudios universitarios en sociología en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en 1982 integró el movimiento de soldados objetores de conciencia. En este libro analiza el proceso de paz de Oslo y su crisis desde el prisma de la sociología crítica.
Grinberg sostiene que los israelíes asumen sin dudas que su Estado es democrático, pero no hay consenso en cuáles son sus fronteras, y es justamente esa indefinición de las fronteras de la nación uno de los factores que considera clave para entender la trayectoria de las conversaciones de paz.
Lejos de considerar a los palestinos una “amenaza externa” sostiene que están integrados (a la fuerza) a la sociedad israelí y sus estructuras políticas son interdependientes con las de la nación ocupante.
Rechaza la idea de que el proceso de paz estuvo condenado desde el principio e intenta comprender cuándo fracasó, llevando no a un retorno a foja cero (previo a la Intifada) sino a una situación mucho peor y más violenta. Para entender esto parte de la categoría de “espacio político” y examina los momentos de apertura y clausura de un especio político plural, que implica reconocimiento del otro, como clave para entender el comienzo y el fin del proceso de paz.
Concibe el vínculo entre israelíes y palestinos en términos de colonialismo y sostiene que la apertura del espacio político implicaba un mutuo reconocimiento como iguales en términos de derechos y legitimidad de sus aspiraciones políticas: esto implica el punto de partida de un proceso de descolonización que en el proceso de paz de Oslo se manifestó de forma incompleta y se frustró. Sostiene que aunque Israel se imagina como una democracia, es en realidad un régimen dual, una democracia con limitaciones dentro de la Línea Verde y un colonialismo militar en los territorios ocupados, aunque las fronteras entre ambos espacios están desdibujadas. Por esta razón la agenda política palestina es también dual: los palestinos israelíes exigen democratización e inclusión política, mientras que los habitantes de los territorios ocupados descolonización e independencia. En el caso israelí la apertura a estos procesos implicaba superar la consideración de las aspiraciones palestinas como una amenaza a la propia supervivencia del pueblo judío.
Sostiene que el hecho de que las fronteras israelíes no estuvieran claramente definidas y la seguridad fuera una obsesión nacional (el autor considera el “mito de la seguridad” como la piedra fundamental del proyecto político del sionismo laborista), llevaron a las FDI a constituirse en un actor crucial en la política israelí, decisivo en la decisión de abrir el espacio político tras 1988 y cerrarlo en el 2000. En menor medida, las élites económicas que veían amenazado su crecimiento económico por la prolongación de la Intifada, pues afectaba tanto la provisión de mano de obra palestina como el comercio de mercancías, presionaron también al gobierno para encontrar una solución política al conflicto. Las presiones populares para cerrar la frontera interna (la Línea Verde) a la agitación política, debilitaron el mito de la derecha revisionista, la aspiración al control total de la Tierra Prometida o Gran Israel. Todos estos factores confluyeron para favorecer la apertura del proceso de paz que, según el autor, tuvo una gran dependencia del liderazgo personalista de Isaac Rabin y Yasser Arafat, y se vio amenazado por su incapacidad de controlar a los opositores y sostener la legitimidad del proceso. Esto y la asimetría de las partes negociantes son para el autor los factores clave en lo que denomina la “falla táctica” de Oslo. Considera que la postergación de las negociaciones del estatuto final permitió el crecimiento de los sectores fanáticos y opositores al proceso en ambas comunidades, constituyendo una “trampa estratégica”. Los años posteriores a la muerte de Rabin aceleraron la pérdida de legitimidad del proceso de paz y su dificultad para resistir los embates de sus opositores, lo que llevó a un “retorno al tribalismo” en Israel y sobre todo a un renacimiento del mito del Gran Israel, proceso que es reconstruido minuciosamente por el autor. Este período 1996-200 se caracteriza, según Grinberg, por una “agenda posconflicto”: las negociaciones de paz pasaron a un segundo plano y primaron las luchas políticas internas en una sociedad israelí mucho más fragmentada políticamente.
El autor sostiene que, de la misma manera que el ejército presionó para abrir el canal de negociaciones de Oslo, tras el año 2000 logró una autonomía relativa respecto a la conducción política para cerrarlo definitivamente. Una oficialidad descontenta con el retiro unilateral del Líbano que había manchado la imagen del ejército y su capacidad de disuasión, aprovechó la emergencia de un nuevo consenso nacional, un nuevo mito nacionalista que aunaba las viejas nociones de seguridad y apropiación del Gran Israel. Así contó con la legitimidad para desplegar una respuesta militar desproporcionada conta la Segunda Intifada y consolidar la idea de que, ante la ausencia de un “socio para la paz” luego del fracaso de los acuerdos de Camp David, la vía político-diplomática estaba agotada. Esto abrió la era del unilateralismo israelí, marcada por la construcción del muro de separación, la retirada de Gaza y la fijación unilateral de las fronteras.


