Morris, Benny (2008). 1948: A History of the First Arab-Israeli War.
Londres: Yale University Press.
Benny Morris, nacido el 8 de diciembre de 1948 en el kibutz Ein HaHoresh, poco después de la creación del Estado de Israel, vivió en Estados Unidos como hijo de un diplomático israelí, estudió luego Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén especializándose en Medio Oriente, para continuar su formación en Cambridge. Morris adquirió notoriedad a partir de la década de 1980 como integrante de los llamados “nuevos historiadores” israelíes, corriente académica que revisó críticamente las narrativas tradicionales sobre la creación de Israel, en buena medida mediante el uso de archivos estatales israelíes desclasificados.
Una de sus obras más influyentes fue The Birth of the Palestinian Refugee Problem, 1947–1948, pieza clave de la producción de los “nuevos historiadores”, escrita por un académico que poco después acabó brevemente en la cárcel por negarse a cumplir el servicio militar obligatorio en los territorios ocupados por Israel. En la mencionada obra Morris argumentó que el éxodo palestino de 1948 no podía explicarse únicamente por órdenes de los líderes árabes (como planteaba la historiografía sionista más clásica), sino que también estuvo vinculado a una conjunción más compleja de factores. Morris sostiene que en la primera etapa de la guerra los sectores altos y medios urbanos de la comunidad palestina fueron los primeros en huir, en un clima de temores y sensación de colapso. Las poblaciones de las villas, que siempre habían tenido en esos sectores referentes y liderazgos, en algunos casos se plegaron al éxodo. A partir de abril y mayo de 1948, sin embargo, las ofensivas y el creciente poder de la Haganá, según Morris estimularon la huida mediante estrategias de guerra psicológica y expulsiones en zonas consideradas estratégicas. Señala la importancia del “factor atrocidad” representado por masacres como la de Deir Yassin en esa etapa. Morris reconoce que el liderazgo árabe ordenó evacuaciones de villas específicas como parte de su estrategia militar, pero no plantea esto como el factor determinante del éxodo de población palestina: incluso es categórico en afirmar que no existe evidencia de que el Alto Comité Árabe ordenara una evacuación por radio, como planteaba la narrativa sionista sobre la guerra de 1948. En contrapartida, tampoco considera que hubiera un plan premeditado del liderazgo sionista para la expulsión, y que el Plan Dalet fue adoptado en marzo de 1948 ante la perspectiva de una invasión de los ejércitos árabes. Dicha invasión, según Morris, acrecentó el convencimiento de la Haganá acerca de la necesidad de “limpiar” diversas zonas de presencia árabe y llevar adelante la destrucción de villas para evitar el retorno de los refugiados. En síntesis, Morris identifica acciones orientadas a la expulsión y a evitar el retorno, jalonadas por actos de brutalidad e intensificadas tras julio de 1948, aunque no las considera parte de un plan o una política de expulsión sistemática sino desarrolladas en función de las contingencias de la guerra. Busca, por tanto, periodizar el “éxodo” en etapas y dar una explicación multicausal, algo que se ve claramente expresado en la estructura de capítulos del libro.
Aunque Morris nunca expresó un antisionismo comparable con el de otros exponentes de los “nuevos historiadores”, a partir de los años 2000 adoptó una visión más crítica hacia el nacionalismo palestino y más cercana a posiciones sionistas tradicionales en algunos aspectos.
De esa etapa es otra de sus obras relevantes, 1948: A history of the first Arab-Israeli war, una síntesis sobre la guerra árabe-israelí de 1948. La obra se basa en documentación israelí, británica, estadounidense y de otras fuentes occidentales, además de materiales diplomáticos y de inteligencia.
El libro analiza la guerra en dos grandes etapas. La primera corresponde a la guerra civil entre las comunidades judía y árabe en Palestina tras la aprobación del plan de partición de las Naciones Unidas en noviembre de 1947. La segunda comienza con la intervención de los ejércitos de Egipto, Transjordania, Siria, Irak y otros países árabes después de la proclamación del Estado de Israel en mayo de 1948. Uno de los principales aportes de la obra es la revisión de numerosos mitos históricos presentes tanto en las narrativas israelíes como en las árabes. Morris sostiene que la victoria israelí no fue simplemente el resultado de un milagro militar, determinado por la voluntad inquebrantable del pueblo judío, sino de una combinación más compleja de mejor organización, liderazgo eficaz, cohesión política y capacidad de movilización. Asimismo, analiza las divisiones existentes entre los Estados árabes y la falta de coordinación estratégica entre ellos. Podría argumentarse, con todo, que la comparación establecida por Morris ofrece una versión algo más matizada y compleja que encarna la esencia del viejo argumento sionista de la superior voluntad del pueblo judío.
Un aspecto saliente de esta nueva obra, probablemente condicionado por su contexto de producción, es la insistencia de Morris en identificar el origen del conflicto y del ataque de la Liga Árabe al naciente Estado judío, en una antigua judeofobia enraizada en el islam, e interpretar la mentalidad belicista árabe como parte de un “impulso yihadista”. En contraste, la guerra para los judíos era una de supervivencia y más tarde reducir el tamaño de una potencial “quinta columna” árabe en el territorio israelí, mediante actos de expulsión.
Respecto de otro de los debates centrales en torno a 1948, el de la expulsión de población, Morris plantea que ambos movimientos nacionalistas llegaron a mitad de la década de 1940 conteniendo “elementos expulsionistas”, y que fue la irreductible beligerancia árabe y el vínculo del liderazgo autoritario del muftí Husseini con el nazismo lo que acabó fortaleciendo entre el liderazgo sionista el convencimiento de que la transferencia poblacional era vital para la seguridad del nuevo Estado. Con todo, entiende que la transferencia nunca fue una política oficial y sistemática del sionismo. Al tiempo que destaca la presencia de ideas expulsionistas en el nacionalismo palestino desde sus orígenes, descarta la relevancia de tales nociones en el sionismo hasta la década de 1940 (aunque reconoce antecedentes). Finalmente, el autor destaca la persecución sufrida por los judíos en los países árabes, equiparando culpas de forma más o menos implícita. Estos planteos, y su valoración de los posicionamientos sobre el derecho al retorno de los refugiados, solidarias con el punto de vista israelí, evidencian el giro en el posicionamiento de Morris.
Dicho viraje estuvo, expresado en su obra, debe contextualizarse en el marco de diversas entrevistas en las que Morris expresó su convicción en torno a la existencia de un rechazo profundo y de raíz religiosa de los árabes a Israel, y su justificación de la expulsión de los palestinos llevada adelante por el liderazgo sionista en 1948, con Ben Gurion a la cabeza. Se destaca en este sentido una entrevista publicada en el periódico israelí Haaretz en enero de 2004 en la que sentenció: “la sociedad que pretende matarte te fuerza a destruirla. Cuando la opción es entre destruir o ser destruido es mejor destruir”, para luego agregar que “hay circunstancias en la historia que justifican una limpieza étnica”. Su justificación de la legitimidad del Estado judío y su derecho a la autodefensa en dicha entrevista no difiere sustancialmente de la de los sionistas de 1948 que constituyen su objeto de estudio, llegando incluso a afirmar que Ben Gurion debió expulsar más árabes del territorio (“Survival of the fittest”, Haaretz, 8/1/2004).


