Gamal Abdel Nasser fue presidente de Egipto entre 1954 y 1970 y su figura está estrechamente vinculada al surgimiento del nacionalismo árabe moderno, a la lucha contra el colonialismo europeo en Oriente Medio y al desarrollo del conflicto árabe-israelí durante las décadas posteriores a la creación del Estado de Israel. Nasser nació el 15 de enero de 1918 en Alejandría, Egipto. Durante su juventud vivió en distintas ciudades egipcias debido al trabajo de su padre como funcionario postal. Como explica Saïd Aburish, “La combinación de vivir en tantos lugares con personas diferentes y asistir a tantas escuelas distintas no desestabilizó a Nasser, sino que amplió sus horizontes: llegó a conocer bien Egipto. Esto supuso tomar conciencia de las divisiones de clase que lo desgarraban”. (Aburish, 2004: 10) Desde temprana edad mostró interés por la política y participó en manifestaciones nacionalistas contra la presencia británica en Egipto. El país había obtenido una independencia formal en 1922, pero el Reino Unido continuaba ejerciendo una fuerte influencia sobre la política egipcia, especialmente a través de su presencia militar y del control indirecto sobre el Canal de Suez. Para su generación detrás de todos los problemas que tenía Egipto estaban las potencias imperialistas, especialmente el Reino Unido.
En 1937 ingresó en la Academia Militar Real de El Cairo, donde comenzó a forjar relaciones con otros jóvenes oficiales que compartían su descontento con la situación política del país. Durante esos años se convenció de que la monarquía egipcia era incapaz de defender los intereses nacionales y que la influencia británica constituía un obstáculo para el desarrollo de Egipto.
La experiencia que marcó decisivamente su trayectoria fue la guerra árabe-israelí de 1948. Como oficial del ejército egipcio participó en las operaciones militares contra el recién creado Estado de Israel. La derrota de los ejércitos árabes tuvo un profundo impacto sobre él y sobre toda una generación de oficiales. Nasser llegó a la conclusión de que la derrota no había sido consecuencia de la superioridad militar israelí únicamente, sino también de la corrupción, la ineficiencia y la falta de preparación de los regímenes árabes. Aburish comenta que “las repercusiones de la derrota en Palestina no se limitaron a los oficiales del ejército. Ante las insistentes exigencias de la revista Rose al-Yussuf de investigar la adquisición de armamento defectuoso —señalando directamente al palacio real y a Faruq—, el pueblo egipcio comenzó a buscar las causas del humillante desempeño de su ejército”. (Aburish, 2004: 26-27) El fracaso durante la guerra de 1948 no sólo afectó al ejército, repercutió directamente en la sociedad que esperaba respuestas y veía en la monarquía de Faruq I una creciente corrupción y un vínculo con el Reino Unido que los egipcios no estaban dispuestos a tolerar. Por ejemplo, para 1950, Faruq I empezó negociaciones para extender las concesiones a los británicos sobre el Canal de Suez que expiraban en 1956.
A comienzos de la década de 1950 se convirtió en uno de los líderes del Movimiento de los Oficiales Libres, una organización clandestina integrada por militares nacionalistas. El 23 de julio de 1952 este grupo llevó a cabo un golpe de Estado que derrocó al rey Faruq I y puso fin a la monarquía egipcia. En 1954 escribió Filosofía de la Revolución texto en que plasmó sus ideas sobre el lugar de Egipto en el mundo, “Nasser concebía a Egipto como un país que formaba parte de —y ejercía influencia sobre— tres círculos de poder político y cultural distintos pero superpuestos: el círculo árabe, el círculo islámico y el círculo africano. El círculo árabe era el más importante; resultaba más inmediato y reflejaba mejor la mentalidad de los egipcios”. (Aburish, 2004: 58)
Durante su gobierno impulsó profundas reformas económicas y sociales. Implementó una reforma agraria destinada a reducir el poder de los grandes terratenientes, promovió la industrialización estatal, amplió los sistemas de educación y salud pública y fortaleció el papel del Estado en la economía. Ideológicamente, Nasser desarrolló una corriente política conocida como nasserismo. Esta doctrina combinaba elementos de nacionalismo árabe, socialismo árabe, antiimperialismo y modernización estatal. Nasser sostenía que los pueblos árabes compartían una misma identidad histórica, cultural y lingüística, por lo que debían unirse para enfrentar la dominación extranjera. Su objetivo era la construcción de una gran nación árabe capaz de recuperar el control sobre sus recursos y decidir su propio destino político.
Su prestigio aumentó considerablemente tras la nacionalización del Canal de Suez en julio de 1956. Hasta ese momento el canal estaba controlado por británicos y franceses. La decisión de nacionalizarlo provocó una grave crisis internacional. En octubre de 1956 Israel lanzó una ofensiva militar sobre la península del Sinaí en coordinación con Francia y Reino Unido, dando inicio a la Crisis de Suez.
La guerra de 1956 constituye un momento fundamental para comprender la relación entre Nasser e Israel. Desde la perspectiva israelí, Egipto representaba una amenaza estratégica debido al bloqueo de los estrechos de Tirán. Desde la perspectiva de Nasser, Israel era un instrumento del imperialismo occidental y una amenaza para el mundo árabe. El desenlace de la guerra implicó una gran victoria política para Nasser, que emergió como el principal líder del nacionalismo árabe y con un importante prestigio en el grupo de países luego denominados “no alineados”, siendo uno de los principales impulsores de la Conferencia de Bandung de 1958.
La cuestión palestina ocupó un lugar central en su pensamiento político. Nasser consideraba que la creación de Israel había generado una injusticia histórica para la población árabe palestina. Defendía el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares y sostenía que la derrota de 1948 debía ser revertida mediante una mayor cooperación entre los Estados árabes. Durante su gobierno Egipto administró la Franja de Gaza y mantuvo una estrecha relación con los movimientos palestinos, impulsando en 1964 la creación de la OLP. Sin embargo, la retórica panarabista y antiisraelí de Nasser no siempre estuvo acompañada de una estrategia militar efectiva. Aunque los nacionalistas palestinos depositaron grandes esperanzas en su liderazgo, también se cuestionó —como a otros líderes árabes— el anteponer los intereses egipcios e incluso sus ambiciones políticas a la solidaridad con la causa palestina.
El fracaso militar de 1967 tuvo profundas consecuencias para Nasser. El prestigio que había construido durante más de una década quedó gravemente afectado. El 9 de junio anunció su renuncia en un discurso televisado, asumiendo la responsabilidad por la derrota. Sin embargo, millones de egipcios y ciudadanos de otros países árabes salieron a las calles exigiendo que permaneciera en el poder. Ante esta presión popular, Nasser retiró su renuncia y continuó gobernando.
Tras la guerra intentó reconstruir las fuerzas armadas egipcias con ayuda soviética. Entre 1968 y 1970 impulsó la denominada Guerra de Desgaste, una serie de enfrentamientos militares a lo largo del Canal de Suez destinados a erosionar las posiciones israelíes en el Sinaí. Aunque esta guerra no produjo cambios territoriales significativos, permitió a Egipto recuperar parcialmente la confianza de sus fuerzas armadas y preparar el terreno para futuras operaciones militares.
Nasser murió el 28 de septiembre de 1970 a causa de un ataque cardíaco, pocas semanas después de haber mediado en una crisis entre Jordania y las organizaciones palestinas durante el episodio conocido como Septiembre Negro.
El panarabismo
Desde el punto de vista de Nasser, y como explica James Jankowski, no había contradicción entre un sentimiento patriótico egipcio y el nacionalismo árabe, aunque el primero mantenía un peso mayor. Se veía a sí mismo, primero egipcio y luego conectado a una idea mayor como era la nación árabe. Este posicionamiento se consolidó en la visión política de Nasser desde inicios de 1930, pero se afianzó con la guerra de 1948 (de la que participó) en Palestina. En esa experiencia comprendió la importancia de dicho territorio para la defensa de Egipto y se vió identificado con las luchas de Siria, Irak y Palestina por su independencia. A su vez, la influencia de su estancia en la escuela militar y su gusto por la lectura le hicieron llegar a la conclusión de que los siglos de derrotas árabes que le precedían tenían una explicación: la desunión de los árabes. Progresivamente fue adoptando los términos “hermanos” para referirse a los árabes y “nacionalismo árabe”, con los que concebía el lugar de Egipto en la unión contra Occidente. Janowski hace hincapié en que su acercamiento al nacionalismo árabe era principalmente estratégico y de supervivencia, no sentimental. Dicha identificación con el nacionalismo árabe se acrecentó durante la nacionalización del Canal de Suez en 1956 y la creación de la República Árabe Unida, que desde 1958 hasta 1961 unió a Egipto y Siria. Como explica Jankowski “Fueron las limitaciones e imperativos impuestos por el ámbito político del Estado territorial egipcio —mantener tanto el control interno frente a los desafíos internos como la posición relativa frente a los rivales externos por la influencia regional— los que más influyeron en la configuración de las políticas iniciales de solidaridad árabe adoptadas por el régimen nasserista”. (Jankowski, 2001: p. 181) Ese acercamiento de Nasser al panarabismo, primero como una cuestión de supervivencia, implicó concebir una solidaridad necesaria para afrontar cuatro desafíos: la formación de los nuevos Estados, las amenazas imperialistas, la Guerra Fría y la cuestión palestina. En segundo lugar, se presentó como un instrumento para vehiculizar aspiraciones de liderazgo regional de Egipto. Ese empuje panarabista se dio hasta la Guerra de los Seis Días, cuando el fracaso militar de Egipto lo obligó a replegarse con políticas dirigidas de forma más limitada a Egipto y no tan orientada a proyectos supranacionales.
Bibliografía
Aburish, Saïd (2004), Nasser: the last Arab, Nueva York: St. Martin’s Press.
Jankowski, James (2002), Nasser’s Egypt, Arab nationalism, and the United Arab Republic, Londres: Lynne Rienner

