War, escape and the emergence of the Palestinian refugee problem,
Brighton: Sussex Academic Press
Yoav Gelber es un historiador de la Universidad de Haifa que ha dedicado buena parte de su carrera académica a investigar la historia de las fuerzas militares y de inteligencia israelíes. Es conocido, además, por haber tomado parte en la polémica desatada por el “caso Katz”, esto es, la demanda por difamación y persecución en ámbitos académicos israelíes a Teddy Katz, un investigador que expuso la actuación de una brigada de las Fuerzas de Defensa de Israel durante la masacre en el pueblo palestino de Tantura en 1948. En esta polémica se enfrentó a Ilan Pappé, uno de los representantes de los “nuevos historiadores”. A partir de esto, la obra de Gelber se ha dedicado con mayor decisión a contrarrestar la producción de los “nuevos historiadores”, sobre todo en relación al período clave abordado por las obras más representativas de esta corriente, la guerra de 1948.
Este libro se propone, justamente, polemizar con esta corriente de “nuevos historiadores”, que a su entender ofrece una visión simplista de la historia del conflicto palestino-israelí, situando a los palestinos como víctimas y a los israelíes como verdugos que conspiraron con británicos y jordanos para perpetrar una expulsión masiva de los primeros. Entiende, a su vez, que estos “nuevos historiadores” hacen un uso parcial y sesgado de la documentación disponible. Los critica por tratar superficialmente la violencia de los árabes hacia los judíos antes de 1948 y centrarse en el análisis descontextualizado de algunos episodios de la “guerra de independencia”.
A lo largo de su obra despliega buena parte de los argumentos de la historiografía sionista más clásica: adjudica a los árabes una beligerancia intransigente expresada en su rechazo al plan de partición de las Naciones Unidas y su presunta oposición tozuda a cualquier negociación de paz; considera que la derrota de los palestinos se debió a su falta de cohesión, atraso y debilidad, sin que las fuerzas israelíes ejercieran sobre ellos una gran presión en la primera etapa de la guerra; contrasta al “pequeño yishuv” con un enemigo más numeroso pero desorganizado.
En uno de los argumentos más importantes del libro plantea que en 1948, ante el rápido colapso de la sociedad y las milicias palestinas, se dio una huida masiva y voluntaria de la población árabe del territorio. Gelber acepta que el mito de un llamado de los líderes árabes a la población a abandonar el territorio es falso, pero sostiene que esto fue una hipótesis que surgió de la estupefacción judía ante el fenómeno y luego se convirtió en propaganda, y también de los argumentos de los propios palestinos para autoexculparse de su defección. Deliberadamente, con el objetivo de mostrar la determinación y la cohesión nacional sionista, el autor afirma que apenas unos pocos kibutz fueron abandonados de forma táctica y temporal en el conflicto.
Las ideas de “transferencia”, expulsión forzosa o limpieza étnica son categóricamente rechazadas por Gelber. Al tratar uno de los episodios más simbólicos de la guerra, la masacre de Deir Yassin, el autor ante todo sostiene que el número de víctimas fue exagerado, que los rumores (en gran medida divulgados por los propios árabes para señalar el barbarismo judío) aceleraron la huida de los palestinos por temor, pero que es totalmente infundado sostener que se trató de un episodio en el marco de un plan predeterminado. Afirma, finalmente, que se trató de una “casi natural consecuencia de los métodos de una guerra civil” (p. 116), antes de señalar que hubo otras masacres contra judíos más relevantes.
Por otra parte, sostiene que no hubo ninguna “colusión” (haciendo referencia a la obra de Avi Shlaim sobre este asunto) entre israelíes y jordanos, sino que la conspiración existió entre jordanos y británicos, negando o minimizando los contactos probados entre el rey Abdullah y líderes sionistas. La idea de unos Estados árabes belicosos y empeñados en la eliminación de Israel, ansiosos por iniciar un “segundo round” de la guerra, confronta los argumentos de Shlaim en otro de sus libros más importantes, El muro de hierro.


