Los kibutzim (plural de kibutz) son asentamientos agrícolas que se generaron a fines del siglo XIX en Palestina de la mano de lo que se conoce como la segunda aliá. Estaban basados en una idea de comunidad, en la que la propiedad de la riqueza se compartía al igual que los medios de producción. El primer kibutz se construyó en 1910 a las orillas del Mar de Galilea con el nombre de Degania. A partir de ese momento ese modelo se expandió por Palestina llegando a la actualidad a un total de 270 kibutzim con un aproximado de 120.000 habitantes. Según Fishamn, autor que analiza la historia de los kibutzim, estos se construyeron en base a dos ejes fundamentales: uno vinculado a los sentimientos y otro a la acción racional. En relación al primero afirma:
“Inspirados por una visión trascendente, hombres y mujeres sin parentesco biológico se unen psíquicamente en grupos cohesionados y forman nuevas comunidades «familiares» caracterizadas por la convivencia y la igualdad. A medida que los símbolos ideológicos articulan valores comunitarios y el afecto interpersonal se transforma en una intensa identificación colectiva, emerge una comunidad unida. (…) En esta etapa del desarrollo de la comunidad, el yo individual se orienta principalmente hacia adentro. La vida comunitaria expresa el amor en acción, pero en esta etapa el énfasis recae más en el amor que en la acción” (Fishman, 2002: 3).
Para lograr que esta comunidad con ciertos valores prosperara tenían que desarrollarse como un “colectivo empírico” (el eje de acción racional) con características socialistas, construyendo instituciones y roles que permitieran la subsistencia del modelo. Esa concepción era parte de la construcción del “nuevo hombre judío” que rechazaba al de la diáspora y planteaba que el nuevo judío tenía que romper sus lazos, emocional y culturalmente, con su lugar de procedencia. La llegada a la Tierra de Israel tenía que convertirse en un “segundo nacimiento”, olvidando la cultura europea, adaptándose al trabajo físico, y realizando la redención a través del trabajo en la tierra. David Ben Gurión, en el tomo 1 de Amanecer de un Estado lo plantea de esta manera:
“En todos los países, miles y decenas de miles de personas abandonan anualmente la tranquila y pobre aldea, repudian la vida e inmutable en pos del arado, se alejan de las chozas de paja barro emplazadas en medio de la vastedad del campo, y se dirigen hacia ciudad para cobijarse bajo sus altos muros, densamente poblados, gozar de las luces de la urbe con sus encantos y tentar la suerte los centros de la industria y del comercio, tan pletóricos de sucesos de cambios. la en y Abandono del campo se llama a este fenómeno social que pasó por alto, cuál ley inexorable, país alguno. Pero he aquí que a nuestros ojos sucedió un milagro: los hijos de un pueblo urbano están volviendo al campо. Los hijos de un pueblo antiguo y débil, desligados durante generaciones de la tierra, distanciados de la naturaleza y del trabajo, educandos del libro y del comercio, se alzaron para venir a una tierra desierta y desolada, se prendieron con ansia juvenil del suelo ancestral, у se convirtieron en hombres de campo. Primeros contados individuos, luego decenas y centenares, llegando en el transcurso de una generación a miles, y detrás de ellos huestes de decenas de miles que bregan por venir y arraigarse en la tierra”. (Ben Gurión, 1954: 86)
Según Sternhell, los kibutzim surgieron por varias razones que no son únicamente religiosas o ideológicas. Primero, como una forma de generar empleo y tomar mano de obra de los judíos recién llegados frente a los árabes, que eran menos costosos y más eficientes por su experiencia en el territorio, de la que los judíos carecían. Segundo, para satisfacer la demanda de las nuevas élites judías que llegaron después de la segunda aliá. Y tercero, como una forma de reconquistar el territorio, en su mayoría comprado a propietarios árabes. A su vez, el autor relativiza la base ideológica del kibutz, explicando que al inicio no fue una institución fruto de un plan premeditado y una orientación ideológica clara, sino que se construyó de forma más pragmática y en función de los desafíos coyunturales.
¿Se concretó la “redención”?
Ese proceso ideal que explica Ben Gurión no pudo concretarse como tal en su totalidad por varias razones. Por un lado, debido a que los trabajadores rurales eran una minoría y desde la tercera aliá empezaron a ver el trabajo físico no como un proceso de redención sino como una necesidad para sobrevivir. En ese razonamiento de supervivencia, a su vez, aparecía como una opción más interesante el trabajo en la ciudad como oficinista, comerciante u otro rubro que no se acercara tampoco al de un obrero. Lo que generaba, a su vez, dos trabajos físicos distintos, uno, el trabajador rural y otro el obrero. Sumado a esto estaba la actitud de la clase política que fueron “los primeros en alejarse del trabajo físico o del trabajo de la tierra. Entre los jefes históricos, uno solo, solo, Yitzjak izjau Tabenkin, siguió siendo fiel al kibutz. Las otras personalidades que mantuvieron una residencia secundaria en el kibutz lo usaron sobre todo como un cómodo trampolín para sus actividades políticas”. (Sternhell, 2013: 55) Igualmente siguió siendo un símbolo de conquista y orgullo del movimiento laborista al que incluso a la derecha sionista le costaba enfrentarse.
Bibliografía y fuentes
Ben Gurion, David (1954), Amanecer de un Estado. Tomo I. Buenos Aires: Candelabro.
Fishman, Aryei (2002), Judaism and collective life. Self and community in the religious kibbutz, Londres: Routledge.
Sternhell, Zeev (2013), Los orígenes de Israel, Buenos Aires: Capital Intelectual.





