Cohen, Hillel (2008). Army of Shadows: Palestinian Collaboration with Zionism, 1917–1948.
Berkeley: University of California Press.
Este libro de Hilell Cohen, publicada en su versión en inglés en 2008, constituye una obra de referencia para el estudio del colaboracionismo palestino con británicos y sionistas. El autor considera que las actitudes ante el sionismo fueron muy diversas: desde la resistencia, hasta la pasividad, la acomodación o la colaboración. Aunque la venta de tierras por parte de palestinos a compradores sionistas es un tabú hasta el día de hoy entre los palestinos –suele afirmarse que fueron terratenientes ausentistas libaneses cristianos los mayores responsables de estas transacciones–, tales ventas existieron, afirma Cohen, incluso entre personas que integraban los cuadros del nacionalismo palestino. Cohen analiza, como contracara del colaboracionismo, la noción de traición, como parte del intento de ciertos grupos de definir la nación y sus otros, en un momento formativo de la identidad nacional en el que los valores nacionales estaban lejos de estar definidos en un corpus coherente. Considera que aunque muchos colaboradores justificaron su actitud en términos nacionalistas, disputando la definición de la nación con el liderazgo palestino mayoritario, para otros el nacionalismo no era central: algunos actuaban por cálculo personal y no político, mientras que para otros las fracturas de la sociedad palestina (familiares, clánicas, localistas) eran más importantes y reivindicaban por ello un interés comunitario, no nacionalista.
La primera parte del libro, además de hacer precisiones conceptuales sobre las nociones de traición y colaboracionismo, el autor analiza los primeros intentos sionistas por establecer contactos con colaboracionistas durante la década de 1920 y sobre todo en el contexto del levantamiento árabe de 1929, en el que se acrecentó el reclutamiento de informantes para conocer los objetivos de los ataques árabes. Destaca el efímero Partido de los Agricultores y el objetivo de minar la unidad de árabes cristianos y musulmanes en el marco de las Asociaciones Cristiano-Musulmanas. Analiza, además, la respuesta a ese fenómeno, que implicó un mayor uso y legitimación social de la violencia de los palestinos nacionalistas contra los concebidos como traidores. El autor entiende que la expansión de la noción de traidor y el uso de la violencia política fueron contraproducentes para el nacionalismo palestino, acrecentando tensiones internas y arrastrando a más personas hacia el colaboracionismo.
La segunda parte del libro se centra en el período de la rebelión árabe de 1936-39, un punto de inflexión en la historia palestina, en el que el autor analiza el colaboracionismo como un fenómeno móvil, dado que antiguos colaboracionistas, por presión o convencimiento se plegaron a la revuelta y al boicot a sionistas y británicos. Al mismo tiempo, nacionalistas descontentos con el liderazgo del muftí o el pillaje de las bandas armadas palestinas, transitaron el camino del colaboracionismo. El caso más notable es la formación de las “bandas de paz” lideradas por Fakhri al-Nashashibi (arquetipo del traidor en la narrativa nacionalista palestina, asesinado en 1941), que recibieron financiamiento y armas sionistas. Analiza también otros casos relevantes menos célebres pero igualmente relevantes para comprender las diferentes dinámicas y motivaciones detrás del colaboracionismo.
La última parte del libro se centra en el período posterior a 1939, hasta 1948. La conclusión del autor es que muchos palestinos no aceptaron el ethos nacional, al menos en la formulación impuesta por el liderazgo hegemónico de los Husseini. Si bien el colaboracionismo no hizo perder la guerra de 1948 a los palestinos, y si bien no fue mayoritario, tampoco los Husseini lograron un apoyo incontestado de las masas a su proyecto nacionalista. En este punto, el argumento de Cohen confluye con el de historiadores palestinos como Rashid Khalidi. Todo esto no implica negar que la identidad nacional palestina existiera como tal en la década de 1920, sino la constatación de que siempre la construcción nacional es un proceso polémico, una arena de conflicto en el que chocan diversas definiciones de la nación, de sus otros, y en este caso de sus “traidores”.


